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Puertas cerradas

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Puertas cerradas

Mensaje por •Ann• el Dom Dic 09, 2012 3:54 am

El tiritar del metal, la nieve que se apilaba en la entrada de aquel taller que mantenía la puerta cerrada siempre.
Una chica estaba metida de cabeza dentro del motor de un vehículo. Un perro junto a ella sostenía una llave y el frío le hacia tropezar con el metal del vehículo, creando ese tiritar inconstante que se quedaba dentro de las altas paredes de metal de aquel lugar pequeño y oscuro.

Era diciembre, la pelirroja seguía trabajando como de costumbre pero sus pequeñas manos tropezaban; el frío le invadía la espalda baja que permanecía descubierta. El can estornudo y dejo caer la llave a los pies de su dueña, la cual solo salió del vehículo y le dirigió una mirada inexpresiva… Ella y ese animal monocromático y canino tenia un lenguaje mudo, el can dio una vuelta sobre si mismo y recogió la llave con el hocico de nuevo.

-No podremos continuar hoy… - Dijo viendo de reojo a la ventana que estaba encima de la puerta de dos hojas del taller. –Este clima es absurdo. – Agrego, la nieve hacia blanco aquel cuadro que se suponía daba aunque sea una visión genérica del edificio del frente; cerca de La Maquina, en los talleres. Se inclino y le quito la llave al perro. Este ladro cual niño que reclama mas adelantándose unos pasos, se acercó a una escalera de madera vieja que daba a un segundo nivel de ese taller.

Anette cerró su braga de trabajo, eran alrededor de las 3pm y un invierno inclemente azotaba La Nación. Arrastro sus pasos como de costumbre, el metal en ella era más pesado en días como esos; dirigió otra mirada al auto en el lugar de trabajo y los motores en una mesa de labores… Negó con el rostro ante su propia inutilidad con la excusa del clima y subió las escaleras, o trato de hacerlo…

Las puertas del taller se abrieron de pronto, una ventisca al parecer. No corrió, se cubrió con la manga de la sucia braga de tela áspera y se acercó a la puerta; la nieve entraba y sus intentos por cerrar la puerta no servían de mucho. Refunfuño inconforme y se sentó en medio de la puerta. Tendría que esperar que la ventisca pasara para poder cerrar las puertas y solo le quedaba la opción de sentarse a esperar para que no le robaran nada…

-Odio diciembre… -refunfuño de nuevo, el perro se metía entre los brazos de ella; dispuesto a acompañarle en mitad de la nieve que rápidamente les cubría también.
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