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Mensaje por •Julietta• el Lun Sep 24, 2012 10:28 pm


La fecha era incierta, quizá entre 1800 y 1900. pero con avances dignos del 2050
El continente europeo era la representación del avance en tiempos de guerra. Muchos otros países, algunos libres y otros esclavizados; miraban con ojos de asombro como aquel instaurado mandato monárquico manejaba a la perfección el extenso dominio de tierras que poseían.
Según dice la historia básica, Napoleón Bonaparte logro conquistar mas allá de los fríos lugares de salvajes y después de varias décadas, la sangre se había decantando hasta el punto de convertirse en un solo país, en un solo dominio, una sola tierra, una… Nación.

La Nación, con las mejores muestras de humanos de rama científica, social, literaria, medica; habría sobrevivido como la defición inquebrantable del poder europeo a la hora de la conquista. Disputas por derechos, liberales en queja y pro de los cobradores de impuestos, pobreza extrema, política fraudulenta, todo esto… Había quedado atrás, siempre salían adelante en dominio de su excelencia, la sangre nata de la absoluta coherencia y orden.

Desde la instauración del Coronado, los ciudadanos de La Nación vivían cómodos; usuarios de sus propios esfuerzos y esforzándose por conseguir mas comodidades. Pueblo progresista con mandatarios firmes. La palabra dictadura no existía en el diccionario porque simplemente el Coronado estaba por encima de los conceptos convencionales y si alguien se atrevía a dudarlo, los mandatarios enviarían guardas a interrogarles.

El avance tecnológico había logrado alcanzar las maquinas a vapor, perfeccionándolas y rozando la electricidad como para tener telégrafo y luz artificial (para los de mejor estrato social), el ferrocarril era la muestra del progreso que recorría la nación, la mejor maquina del mundo en cuestión de transporte masivo, los autos clásicos que se impulsaban a gas existían pero no todos tenían acceso a uno. Las estaciones del Ferrocarril marcaban los estratos sociales, cada una tan lujosa como los usuarios la merecían, al ser construidas la arquitectura desplegada cuido de los detalles así mismo como solo la contratación de los mejores ingenieros y científicos de los días para hacer del “transporte del mañana” una realidad del presente en los días que vertiginosamente el crecimiento de la población les embargaba.

Allí, en este punto de crecimiento poblacional, apareció el apoyo político que el Coronado necesitaba: Los ciudadanos élite y los mandatarios. Siempre dispuestos a brindar consejo a la persona que ocupara la corona. Lastima que los personajes que habían ocupado el trono de La Nación habían sido todos de familias distintas, siempre morían drásticamente a joven edad y sus intenciones progresistas le llevaban a sueños que algunos lograban terminar y otros simplemente se esfumaban.
Cuenta la historia de los libros más antiguos en los pasillos más distantes de la biblioteca perdida qué Destino se materializo ante los precursores de la integración al inicio de los tiempos cuando La Nación era solo un sueño, una pequeña idea fugaz en la imaginación de unos cuantos que creian en el cambio. Esa historia dice que aquella dama eterea de cabello plateado que los guio a la conquista de un continente también engendro descendencia mortal que marco la huella y el progreso del continente. Dejo la herencia en mortales para crear la historia que la humanidad merecía, re-escribiendo el trazo de lo que podía ser y lo que seria.

Con el pasar del tiempo, gracias a los mitos se adjudicaron los rasgos de realeza a personas que nacían con ojo carmín y cabello gris. Albinos con altivez. "El destino estaba en sus manos" decían las parteras al ver alguno de estos niños. Poco a poco la instauración del nuevo gobierno que formo una potencia mundial se acento dejando de lado las historias. Quien luchaba, tenia poder, tenia el coronado.

El antiguo coronado había estado en manos de un hombre amable y bondadoso que cayo envenenado por la codicia de algún ciudadano élite, una historia que solo la mujer que lucho por ser su sucesora, que era su hija de sangre igualmente, sabía y nadie había logrado sacarle palabra alguna de aquel trágico hecho en la historia.  Mas las obras del mandato mas largo eran notables, una citadela que guardaba de cualquier posible atentado, la prisión mas sofisticada de intrincados pasadizos en una isla en mitad de la nada y todo el sistema de información autoalimentada por los mismos ciudadanos. Era la construcción de un gran pulmón industrial que causaba al mundo la sensación de insignificancia en cada uno de los países externos.

Todos tenían oportunidades, decepciones, felicidades y alegrías. La gente vivía en paz, esa paz donde existe lo bueno y lo malo por igual.  Los asesinos huían y morían en callejones o en Desec, la prisión de Nación donde eran victimas de torturas… Todo tenia un equilibrio, La Nación era el mundo donde los autos de brillantes retoques andaban por las calles con mujeres de hermosas sombrillas llevadas por sus pretendientes; época de ingenieros, de científicos que buscaban conquistar el sol con un frasco y descifrar la vida en una formula empírica; esa época donde los campesinos le sonreían al sol mientras trabajaban el campo para conseguir dinero y comprar provisiones. Los tiempos donde ellos eran el mundo y La Nación, el progreso.


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Julietta Hauss
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