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Pan y leche

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Pan y leche

Mensaje por •Ann• el Vie Sep 28, 2012 11:59 pm

Los jadeos del perro que corría en dirección a la calle, un auto estacionado junto a un edificio de unas 4 pisos, ventanas elegantes y arquitectura admirable fue lo que la chica de cabellos rojos se quedo mirando un instante, antes de volver la mirada al can.

-No.- le dijo al perro y este se sentó junto a ella, moviendo la cola. La gente que pasaba caminando, estudiantes y transeúntes de clase alta, ciudadanos élite en su mayoría; miraban al animal como si de un fenómeno de circo se tratara, como si su pata mecánica fuera obra de brujería o quizá maravillados de la “tecnología” de esta.

Aquella joven de pantalones anchos y una bandana que cubría parte de su cabello, se puso una especie de gafas de borde metalizado y acomodo sus guantes. Viendo el auto con sus ojos de insecto ahora, era normal aquello. Le llamaban, un auto dañado estaba en la calle, ella lo ubicaba y lo reparaba para conducir hasta su taller y allí le irían a buscar. Conducía muy bien, sabía hacerlo desde que alcanzo a ver más allá del cristal y aunque era baja, lograba ver bien.

-Usted, ¿ha de quedar listo el vehículo en menos de una hora?- pregunto un hombre de voz fina que se acercaba a ella, sosteniendo un pañuelo y viéndole de reojo, con desprecio obvio.
La chica le ignoro, el perro permanecía junto a la caja de herramientas que ella había traído, vigilando que nadie las tocara. Las piernas de la chica se veían asomadas desde debajo de maquina, que hizo un ruido de vapor liberándose y salió con la cara llena de grasa.
-¿Que cree? Puedo hacerlo funcionar, pero eso no le asegura que este motor funcione mas que… -miro en dirección de la calle, calculando.- 4 calles mas abajo. -
-¡Perfecto! Solo necesito ir dos calles mas allá, el resto es innecesario… puedo comprar otra cosa de estas luego. –dijo con prepotencia sacando el dinero y dejándolo caer en la caja de herramientas cual limosna, viendo con asco al perro. –Apresúrese, no quiero gente de clase media frente a mi hogar.- Agrego agitando el pañuelo para entrar al edificio de nuevo, dejando a la chica allí.

Ann se encogió de hombros, le daba igual el desprecio; sabia que a la gente absurda con ignorarle bastaba así que volvió a acostarse en el suelo.
-No es que yo quiera estar frente a su casa de por vida. -respondió para si misma mientras estaba bajo el vehículo de nuevo. La tela del corsé que usaba rasguñaba el suelo de piedras, incomoda pero concentrada en las piezas; tanteo fuera del auto con su mano, el perro que estaba allí le acerco una llave usando el hocico y ella la tomo sin decir nada. Ese perro era lo mas cercano a un ayudante, a un amigo… que conocía. Sus hermanas, solo se mantenía en contacto con una y aun así, no era algo que le causara algo. Simplemente eran vínculos sanguíneos según sus criterios.

Paso varios minutos bajo el auto clásico pero moderno para la época. Le recorrió con la mirada pensando en el desperdicio de maquina que se perdería en manos de gente ignorante; mas era su trabajo y ya le había pagado. Se paso las manos por la cara, alejando las gafas del rostro y sosteniendo la llave inglesa de gran tamaño (casi del tamaño de un brazo humano) que siempre usaba, dándole unos golpes a las ruedas, presiono el guardafangos haciéndole rebotar un poco para probar la suspensión y este respondió bien cuando se inclino para ver si el bote de aceite seguía. Asintió pensando mientras se acercaba a la puerta del chófer y se quito uno de los guantes para encender el vehículo al meter la mano hasta debajo del volante. La maquina encendió perfectamente, haciendo un ruido constante y moviéndose. Ella tomo su guante y se lo volvía a poner mientras lanzaba la llave inglesa a la caja de herramientas, el perro rasgaba esta con la pata metálica, cerrándola con agilidad y levantándola con el hocico como podía.

-No. –Le señalo la pelirroja de nuevo, quitándole la caja que era demasiado pesada para el animal, la abrió y saco las monedas; algunos francos que podría usar para pagar unas deudas que tenia en la ferretería. –Hoy comeremos pan y leche. – dijo al perro como si esto fuera una gran noticia. El can llamado Matt dio una vuelta sobre si mismo para ladrar contento, como si entendiera que comería algo bueno, respondió con un ladrido. -!Guaf¡ -La chica levanto la mirada al edificio, negando con el rostro pensando en como la gente era capaz de vivir en lugares asi; para irse caminando por la acera sosteniendo su caja de herramientas, el rostro lleno de grasa, las gafas en el cuello y el pañuelo negro como la tela de sus pantalones rústicos que se confundían con el marrón de su corsé maltratado y sus guantes de cuero.

Era una chica inexpresiva, no se veía feliz o triste, solo estaba cansada a veces pero lo único que podría delatarle eran los bostezos paulatinos y las pocas ojeras que le salían a veces. Aquella tarde, serian las 3 de la tarde y el sol estaba encima de ella y su mascota cuando seguía caminando por la avenida secundaria de Las Residencias, en el distrito central de La Nación.

-Tendremos que ir a La Maquina, Matt. –musito hablándole al perro que caminaba junto a ella, su pata mecánica no hacia ningún ruido distinto y el perro se sentía muy cómodo con ella, era un perro normal pero con un agregado distinto. El objetivo de aquellos dos era en ese instante, conseguir algún lugar donde comprar un trozo de pan para su cena de reyes.
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